Cuando te acarician suavemente, sientes escalofríos y tu cerebro te provoca un inmenso placer.
Cuando ríes a carcajadas, las lágrimas llegan a tus ojos, y el corazón late más deprisa.
Pero cuando sueñas, tu cuerpo se relaja, se esfuman los miedos y te salen alas.
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